Autoconocimiento, Mom Life

Con crianza respetuosa crecemos juntas

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Con crianza respetuosa crecemos juntas

La crianza respetuosa es la semilla que nos permitirá cultivar un mundo mejor. Inicia por dirigir la mirada hacia nosotros, viajar a nuestro interior, volver al origen para ser nuestra mejor versión y acompañar mejor a los niños en su desarrollo físico, emocional y mental.

Dedicado a todos aquellos que eligieron RESPETAR a sus niños, comprenderlos y aprender cómo hacerlo mejor.

La semana pasada inicié CRECER, escuela de crianza respetuosa guiada por tres psicólogas que han dedicado su vida a la crianza respetuosa a través de la disciplina consciente.

Basada en todo lo que me movilizó las primeras sesiones, decidí escribir este blog con la intención de recordar(ME) que siempre podemos rescribir la historia y expandir la información que ayuda a quienes optamos por una educación diferente.

Es solo un resumen práctico de todo lo que podemos encontrar en este espacio. Sí un día puedes darte la oportunidad de vivirlo, no lo dudes. Es un regalo para ti que beneficia a todo tu entorno además de ser para la vida.

Mi objetivo principal al hacer este escuela, era aprender herramientas de crianza respetuosa para acompañar a mi hija en la gestión de sus emociones. He dedicado muchos años de mi vida al autoconocimiento y nuevamente esta decisión inicia conmigo o si lo llevas a tu vida, contigo.

“De nada sirven las herramientas, sin los recursos internos para aplicarlas. No importa qué tanto conocimiento de cómo hacerlo mejor pueda adquirir, sino tengo el combustible adecuado que me da el impulso para hacerlo diferente” – Manuela Molina

No es para ellos, es CON ellos que vamos aprendiendo y creciendo desde una crianza respetuosa

No se nace siendo padres, se aprende en el camino… y cada pataleta o “mal comportamiento” es nuestra oportunidad para ir más profundo en ellos y en nosotros.

No son los malos comportamientos de los niños… no soy yo:

  • Es lo que me digo en cada situación que me desequilibra
  • Es lo que se genera en mi en cada acto que me reta
  • Son mis heridas no sanadas
  • Los interruptores que se activan para defenderme de algo que mi cerebro grabó, estaba bien.

Esta es mi historia (ejemplo de lo que encontré en mí, por si te animas a buscar en tu interior)

Soy Lorena, tengo 34 años y crecí bajo una educación bastante exigente en la que sentir y hablar de aquello que incomodaba al otro, no era “correcto” … estaba prohibido, porque a los niños “groseros” nadie los quiere.

¿Cómo asíii?, decir lo que me incomoda ¿era ser grosero?, en mi entorno sí, porque eso pondría muy triste a quien con tanto amor hacía algo por nosotros o me mostraría como una desagradecida.

Entonces crecí aprendiendo a ser lo que los demás querían que fuera además de reprimir mis emociones, mi rabia y la tristeza que me generaba no poder hablar cuando quería hacerlo.

Mensajes que para mis padres eran sanos y pretendían hacer mi vida mejor, me dejaron heridas que hoy estoy sanando haciendo uso del eneagrama, entre otras herramientas.

  • Debes ser SIEMPRE muy ordenada (así no quieras)
  • Debes cuidar tus cosas y tenerlas siempre completas y perfectas (jamás se me perdió un lápiz y aunque suena hermoso, era demasiado estresante tener que verificar todo cada segundo)
  • Debes comportarte “bien” y siempre dar ejemplo, eso hacen las niñas buenas, etc.

Desde hace 10 años cuando toda mi burbuja de niña buena se reventó, empecé a reescribir mi historia y cuando elegí ser madre, me juré que nada de lo que pasó conmigo, lo pasaría a mi hija.

¿Sonaba ideal verdad?, pero no es tan sencillo. A veces, por más buenas intenciones que tengamos, el automático lidera y forma el caos basado en lo que aprendió, por más buenas intenciones que yo tuviera de no trasmitir tantas exigencias a mi hija, en los momentos de caos, se escaparían.

“La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”

Nuestro disco duro ya grabó una información y ella se quedará ahí, pero ojo, ese no es el final. Podemos transformar la historia y nuestra tarea es reescribir sobre ese disco haciendo uso de la crianza respetuosa.

Así como a un niño se le enseña por repetición sobre sus comportamientos (practicando en momentos de calma). De la misma forma le podemos enseñar a nuestro cerebro sobre un nuevo aprendizaje más sano, consciente y benevolente.

“No aprendemos estos temas para ser padres perfectos, lo hacemos para ser padres bien intencionados”- Cecilia Zuleta

¿Cómo puedo crear mis recursos internos desde la crianza respetuosa?

«Yo puedo con esto»

Así inicia este apartado que pretende darte un abrebocas de cómo viajar a tu interior y reconocer los recursos que ya tienes, cómo crear los que te faltan y trabajar en los limitantes.

La crianza respetuosa inicia encontrando la semilla que sembraron en ti y cuáles fueron y siguen siendo reforzadas por la sociedad.

1. Identifica tu estilo de cuidado

  • Dónde creciste, dónde lo aprendiste y cómo te hace sentir esta parte de tu historia
  • Te cuidaron en exceso o por el contrario te lanzaron a defenderte sola
  • Te acompañaban cuando lo necesitabas o te mandaban a mirar la pared cuando tenías momentos difíciles

Recuerda que tu rol como madre, inicia en tu niña interior. Te inclinarás a ser la madre según la hija que fuiste.

Estilos de crianza

  • Estilo canguro: padre sobre protector, debe cuidar a su cría teniéndola siempre cerca para evitar todo riesgo y sentir tranquilidad, porque para este tipo de crianza, el mundo es un lugar muy inseguro.
Su respuesta en momentos de crisis

Estilo medusa: miedo, alerta y ansiedad por la duda que le genera lo que está haciendo.
Frase: «perdí el control, no puedo con esto y lo voy a ceder«

  • Estilo rinoceronte: demasiado control y poca flexibilidad. Lanza a sus hijos a que lo hagan todo solos. Lo mando a enfrentarse al mundo.
Su respuesta en momentos de crisis

Estilo avestruz: evita ver, no sabe qué hacer con las emociones y se esconde en sus acciones para no tener que enfrentarlas. Desvía la atención racionalizando porque le cuesta poner las emociones en palabras.
Frase: «No pasa nada«

  • Estilo delfín: va al lado, acompaña, dirige, se hace cargo solo cuando es necesario. Su tarea es dirigir y ayudar con calma y calidez cuando lo considera.
Respuesta en momento de crisis

Estilo perro san Bernardo: calidez que acompaña haciendo balance de la emoción. Afirma lo que observa y opta por la regulación con paciencia. Está en control, pero siente empatía, benevolencia y calidez.
Frase: «Sí, estás triste, qué puedo hacer para ayudar. Hagámoslo juntos para que aprendas»

Recuerda que no hay extremos, podemos pasar por todos los estilos y reacciones en diferentes momentos de la vida o hijos. Cambian dependiendo del contexto y la historia detrás de cada niño

2. Transformar creencias limitantes

Las creencias limitantes pueden venir del entorno en el que nos movemos, de los medios de comunicación, la historia familiar o mitos relacionados con la infancia.

Para mi este es quizás el corazón de todo, porque siempre nuestro ego intentará volcar la culpa al otro, en este caso, «el niño que no aprende», porque “si él se comportara mejor, yo podría ser mejor”. Desde la crianza respetuosa debes tener claridad que no es el niño y sus comportamientos el foco de todo esto.

Fácil sería meditar con tranquilidad y el sonido de la naturaleza, difícil hacerlo en medio del ruido y la turbulencia, pero es donde más se necesita.

El niño es niño y hará lo que le corresponda para poder crecer y eso implica desbordarse para aprender las habilidades que le servirán para la vida.

«No es lo que te pasa, es lo que te dices frente a eso que te pasa. No es lo que tu hijo hace, es lo que te dices frente a ese comportamiento de tu hijo» – Escuela crecer

Algunas creencias limitantes planteadas en CRECER:

  • El mico sabe a qué palo trepa – Falso
    Claro que lo sabe pero no como lo imaginas. El mico solo trepa al árbol que sabe, lo va a sostener. Por eso tu hijo se desborda más contigo que con otros cuidadores. Te tiene la confianza para en su lenguaje corporal decirte: “mamá, me siento mal, no sé qué siento ni cómo gestionar todo esto, ayúdame”, no puedo evitar imaginar a mi hija en sus momentos de llanto con esta frase. En muchos casos, esto me regula como madre, hago uso del principio de benevolencia (a mí me funciona pensar así).
  • Sino le duele no aprende – Falso
    Ni una palmadita por favor. El respeto no se aprende a través del miedo, lo único que genera es desconexión con las verdaderas necesidades del niño. Generándole miedo, se pierde la oportunidad de enseñarle una habilidad para la vida.

    Un niño con miedo ataca, huye o se paraliza (lo cual parece que te obedeció y nos sentimos orgullosos diciendo que somos padres exigentes), pero en realidad, solo pierde el vinculo contigo, porque es difícil ser amigo de quien pone tu vida en riesgo… y ojo, no necesariamente lo haces con el maltrato físico, también aplica con la mirada inquisidora o el dedo que señala.
  • Ignóralo que así se le pasa rápido – Falso
    «Los niños fingen sus emociones, es puro drama” este es tu juicio, lo cual no invalida sus lágrimas. Un niño no llora por llorar, para él es la expresión de su malestar. Sus emociones son volátiles y reactivas porque no tienen control sobre ellas, solo surgen y para ellos, es un momento muy complejo. En ese momento de desborde emocional están frente a algo que no entienden y no saben cómo gestionar.
  • “Te está manipulando”Falso
    Un niño no puede manipular porque su cerebro no tiene el desarrollo para hacerlo, quizás sucede a partir de los 7 años. Antes de eso, su tarea es llorar para defender sus deseos y la nuestra acompañarlos a entender lo que sienten, pero manteniendo límites y consecuencias, porque lo que sí son, es altamente estratégicos. Ellos saben observar muy bien el entorno en el que deben moverse y dominar la causa y el efecto.

Herramientas para practicar en momentos de calma

  • Practicar la respiración consciente
  • Imaginar escenarios de caos y en ellos gestionar las emociones manteniendo los límites establecidos
  • Percibir lo que ese caos te genera y en qué parte de tu cuerpo se siente
  • Ponerle nombre a la emoción que surja
  • Identificar el botón detonador que activa las heridas de tu niña interior y da paso al automático. Es tu responsabilidad saber qué hacer con ese botón, cómo lo proteges o gestionas.
Para finalizar, por favor graba este mantra en tu mente y corazón:
Estás aprendiendo, se comprensivo y benevolente contigo mismo. «No buscamos ser padres perfectos, pero sí bien intencionados»

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Lorena Orozco
Viajera interior

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